28.9.25

Ejercicio y tercera edad: clave para un envejecimiento activo

El ejercicio físico en la tercera edad representa una de las herramientas más seguras y efectivas para promover la salud integral. Cuando se practica de manera adecuada, contribuye a mejorar el sistema cardiovascular, regular la presión arterial y controlar los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos. Además, fortalece los músculos, reduce el riesgo de caídas y eleva el estado de ánimo, lo cual favorece la autonomía y la calidad de vida.

En otras palabras, los beneficios del ejercicio superan ampliamente los posibles riesgos, siempre que la actividad se adapte a las condiciones físicas y necesidades individuales de cada persona.


Un programa de ejercicio integral

Así como en los adultos jóvenes, los mayores también se benefician de un plan de entrenamiento que combine fuerza, actividad aeróbica, flexibilidad y equilibrio.

1. Entrenamiento de fuerza

El fortalecimiento muscular ayuda a mantener la masa magra, la estabilidad articular y el equilibrio. Ejercicios simples como levantarse de una silla, trabajar con bandas elásticas o usar pesas ligeras (1 kg o 2 libras) pueden ser suficientes al inicio. Se recomienda realizar entre 12 y 20 repeticiones, con cargas que aumenten de forma progresiva y segura.

Incrementar la masa muscular no solo mejora la capacidad funcional, sino que también facilita la recuperación en caso de enfermedad y ayuda a conservar la independencia en edades avanzadas.

2. Actividad aeróbica

Caminar, nadar, bailar o andar en bicicleta son actividades accesibles y efectivas. En personas mayores, la duración puede asemejarse a la de adultos jóvenes, aunque con menor intensidad. Una buena regla práctica es que durante el ejercicio se pueda mantener una conversación sin dificultad.

La intensidad se regula a través de la frecuencia cardíaca máxima (FC máx), calculada como 220 menos la edad. La frecuencia cardíaca objetivo (FCo) se sitúa entre el 50% y el 70% para un esfuerzo moderado y entre el 70% y el 85% para un esfuerzo vigoroso.

3. Ejercicios de equilibrio

Son esenciales para prevenir caídas, sobre todo en personas con fragilidad o alteraciones de la percepción espacial. Se incluyen actividades como mantenerse sobre un pie, usar pelotas de ejercicio o practicar con tablas de equilibrio.

4. Flexibilidad

El estiramiento favorece el rango de movimiento y la libertad corporal en actividades cotidianas. Debe realizarse con los músculos ya calientes, idealmente después del entrenamiento aeróbico o de fuerza. Disciplinas como yoga, pilates o tai chi no solo aportan elasticidad, sino que también contribuyen a la fuerza y la estabilidad emocional.


Reflexión final

El ejercicio en la tercera edad no es un lujo, sino una necesidad. Iniciar de forma progresiva, supervisada y adaptada a cada persona garantiza beneficios que van más allá de lo físico, impactando también la salud mental y social. Apostar por un envejecimiento activo es, sin duda, una manera de honrar la vida.


Referencias

American Heart Association. (2021). Target Heart Rates Chart. Recuperado de: https://www.heart.org

Chodzko-Zajko, W., Proctor, D. N., Fiatarone Singh, M. A., Minson, C. T., Nigg, C. R., Salem, G. J., & Skinner, J. S. (2009). Exercise and physical activity for older adults. Medicine & Science in Sports & Exercise, 41(7), 1510–1530. https://doi.org/10.1249/MSS.0b013e3181a0c95c

Jiménez-Pavón, D., Carbonell-Baeza, A., & Lavie, C. J. (2019). Physical exercise as therapy for frailty in older adults: A systematic review. Journal of the American Medical Directors Association, 20(3), 280–289. https://doi.org/10.1016/j.jamda.2018.09.017


World Health Organization (WHO). (2020). Guidelines on physical activity and sedentary behaviour.
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